sábado, 4 de noviembre de 2017

Se esfuman los campesinos; el campo abandonado
sinbozal

Torreón, Coahuila.- Poco a poco se fueron acabando los ejidos en este municipio y los que quedan no tienen respaldo; ofrecen apoyo al campo donde no hay ejidatarios y en la Laguna está en riesgo el abastecimiento del agua por la sobre explotación de los mantos acuíferos.
Jesús Montes Rodríguez, originario del poblado San Miguel, deambula por las ciudades de la región en busca de trabajo, de lo que sea, que es difícil encontrarlo a sus 65 años edad.
En este lugar ya no tiene oportunidad de ocupación, pues prácticamente desaparecieron las actividades agrícolas.
En la realidad ya no existe el ejido, solo de membrete, pues en su mayoría lo ocupan gente que proviene de otras comunidades rurales solo para vivir en terrenos baratos y no para dedicarse a la labrar la tierra.
El Ejido San Miguel, ubicado en el municipio de Matamoros, Coahuila que colinda con el de Torreón, en los años 60s, era uno de los más productivos de la Comarca Lagunera, con abundante producción de algodón por hectárea, pero ahora solo quedan los recuerdos, dijo.
Todavía en 1965 trabajaban a través de un sistema colectivo que garantizaban los cultivos y su comercialización, pero todo se derrumbó cuando surgieron las centrales campesinas, como la CNC, que desplazaron a su organización.
Ahora, dijo, ya del ejido queda poco o nada, pues la mayoría de sus habitantes se fueron a otras zonas del país, inclusive del extranjero en busca de mejores alternativas de vida.
Con las reformas al artículo 27 Constitucional de 1992, paulatinamente han ido desapareciendo los ejidos en este municipio, y sus amplias áreas ahora son ocupadas por extensos fraccionamientos habitacionales.
Esas reformas solo vinieron a legitimar las rentas y ventas de tierra y agua que eran propiedad de los ejidatarios.
En ese año, el municipio de Torreón tenía 38 ejidos y a la fecha no queda ninguno, o casi ninguno, porque las superficies ejidales están vendidas como son La Perla, La Joya, San Antonio de los Bravos, Nueva California, entre otras, que fueron absorbidas por la zona urbana.
Todas estas áreas, que fueron ejidos, ya están urbanizados y son reservas de especuladores en la comercialización de este tipo de terrenos.
Si acaso se les llama ejidos, es con el fin de aprovecharlos en los discursos populistas, sobre todo en etapas electorales, aunque bien se sabe que en este municipio tampoco existe el voto verde, que comúnmente se le llamaba al sufragio de los hombres del campo.
Aun cuando ya no existen estas comunidades rurales, se siguen destinando grandes cantidades de recursos públicos para programas rurales que supuestamente se aplican en ejidos que ya no existen. “Nada más se utilizan como botín político”,
Esas zonas del campo de Torreón, se convirtieron en colonias y fraccionamientos, que las acapararon los grandes constructores de viviendas y otro tipo de inmuebles.
Con las  transacciones de venta de tierras ejidales, se ha enriquecido la fauna de “coyotes” –intermediarios--, en su mayoría protegidos por las autoridades municipales y estatales.
El gran negocio lo han hecho contactando a los ejidatarios vendedores con los compradores, que regularmente son grandes fraccionadores, comenta con desilusión.
Definitivamente la categoría de ejido debería de desparecer del discurso, porque ya no existe, cuando menos en el municipio de Torreón.
Datos conservadores revelan que anualmente se extraen alrededor de mil 200 millones de metros cúbicos por aproximadamente el 50% de recarga.
Por lo anterior, es necesario buscar alternativas que conlleven a erradicar el riesgo de mermar el abastecimiento del vital líquido en la Comarca Lagunera.
El campo se encuentra en el abandono, porque a sus habitantes los ven como mercancía y botín electoral.

Las promesas para vitalizar al medio rural están cobijadas por la demagogia, pues lo ofrecimientos de apoyo los hacen donde ya no hay ejidatarios, como en Torreón, donde los ejidos ya fueron absorbidos por la mancha urbana.

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