viernes, 19 de octubre de 2018


Chapulines
Periódico 4º. Poder (Facebook)
El cambio de partido de políticos que antes estuvieron amparados por PRI, PAN y PRD, lo hicieron por muy diversas razones, explicables unas otras no.
El éxodo de funcionarios a Morena, el partido de López Obrador ha tenido que ver por muy distintos hechos, casi todos, según los migrantes, relacionados con la corrupción que había en sus partidos de origen, el abandono de las élites a las causas sociales, la insensibilidad gerencial, etcétera.
Ninguno ha dicho que dejó el partido al que pertenecía porque los tres institutos políticos se cerraron en el reparto de posiciones y los renunciantes no consiguieron lo que creían merecer.
En Durango, por ejemplo, el grupo político del exgobernador Jorge Herrera Caldera se fue a Morena en bloque porque, simple y sencillamente perdió el candidato que había propuesto para la gubernatura y con ello muchos de los exfuncionarios que se sentían impunes, son requeridos por la autoridad judicial para que expliquen dónde y en qué se gastó tanto dinero que no aparece en obras.
Desde luego que la autoridad judicial en Durango ha actuado de manera ineficaz y blandengue en contra de quienes desviaron recursos económicos que eran del pueblo y no se ha visto como en Veracruz, Quintana Roo y Chihuahua, una acción decidida para aprehender a los responsables, algunos ya metidos en Morena y con cargos de elección popular.
El caso más reciente del chapulineo es el del diputado federal por Coahuila Luis Fernando Salazar, torreonense de nacimiento y de muy escasa convicción ideológica pues a pesar de ser de una familia siempre de derecha, participante en la lucha social, no tuvo empacho ninguno para dejar todo detrás y buscar sus intereses personales.
Sí hay funcionarios que dejaron a sus grupos políticos por convicción pero, resulta muy sospechoso que siempre hayan emigrado –nada tontos, ¿verdad?- al partido ganador.
Hasta la fecha no se ha visto a ningún priista o panista que se vaya al PRD o a cualquier otro partido que no sea el que lleva las mayores probabilidades de abrirse un camino de privilegios “sacrificándose por el pueblo”.
En Gómez Palacio hay dos casos singulares de estoicismo partidista: la alcaldesa Leticia Herrera Ale, priista y Cecilio Campos, dirigente local del PRD quien no se ha movido de su lugar, pese a que muchos de sus compañeros y jefes jerárquicos decidieron afiliarse a Morena.
Calificamos de estoicismo partidista lo de los funcionarios mencionados porque para nadie es sabido que durante décadas, históricamente, el PRI duranguense tuvo relegado al de La Laguna; las decisiones siempre fueron cupulares, los beneficiados, siempre los de Durango capital.
Ayer, el hasta hace unas semanas duramente cuestionado por su actuación parcial, Luis Enrique Benítez Ojeda, estuvo en Gómez Palacio y Mapimí y luego visitará los demás municipios de esta región para decir que La Laguna tendrá más participación en el priismo estatal; que aumentará el número “de cuadros” y que se atenderá mejor a la militancia.
Aprovechó para dar a conocer a un nuevo delegado del otrora poderoso Comité Ejecutivo Nacional, un señor de nombre Alberto Padilla Márquez, oriundo de Aguascalientes, expuesto como dueño de una larga y fructífera trayectoria política pero que aquí a nadie impresionó.
Es raro que ahora sí el PRI voltee sus ojos a nuestra región, sin duda esperando el apoyo que en la capital estatal la ciudadanía le negó desde que brindó todo su apoyo a la alianza PAN-PRD que ganó tanto la gubernatura estatal como la presidencia municipal de la ciudad de Durango, amén de otros muchos puestos porque, entonces, no había todavía la alternativa ofrecida por el partido de López Obrador.
Así pues, los que se quedan en sus vapuleados partidos, tienen confianza en sus acciones… los demás, alzaron el vuelo.

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