domingo, 7 de octubre de 2018


María Luisa Casateniente
Alcaldesa de Lerdo
Miguel Ayax González Hubbard
Periódico 4º. Poder (Facebook)

El 6 de octubre como tradicionalmente sucede, se festejó en la Comarca Lagunera, un aniversario más del reparto agrario celebrado en esta región hace ya 82 años.
Las alcaldesas de Gómez Palacio y Lerdo hicieron sendos actos para recordar el reparto hecho por el General Lázaro Cárdenas y a pesar de las similitudes que tienen por ser ambas mujeres, ambas priistas, ambas presidentes municipales, las diferencias son notables.
Leticia Herrera hizo su evento en el medio rural, con campesinos reales y en diferentes poblados.
Les pidió conservar el amor por la tierra; que como habitantes del campo vayan adelante y hagan de sus acciones el ejemplo que sigan las próximas generaciones, haciendo producir la tierra, cuidando de ella y ofreciendo motivos de orgullos a las nuevas generaciones.
En Lerdo, se festejó “el 85 aniversario” del mismo hecho; es decir, confunden las fechas y festejan el reparto de Cárdenas tres años atrás y lo hacen en la comodidad de la plaza principal, donde María Luisa presidió “acompañada” del director de la Escuela Normal… ¡faltaba más Lázaro Cárdenas!, Blas López Zavala, así como de “funcionario” de la administración y regidores.
El error de decir funcionario en lugar de funcionarios, pasa; lo que no pasa es que no tengan siquiera el cuidado de ver en qué año se hizo el reparto; que lo haga en plena plaza principal, frente a las oficinas que ocupan y, peor aún, que hoy, en la misma fecha, el ex asesor jurídico de la presidencia de la república, licenciado Juan de Dios Castro Lozano, dé a conocer en “El Siglo”, bajo el título “La casa con el número 50” que la alcaldesa se ha hecho; es decir que ha comprado o adquirido con quién sabe qué artes, una propiedad en la avenida Sarabia que había sido declarada por el INAH monumento histórico.
El dueño original de la propiedad ya fallecido, intentó remodelarla pero, la autoridad, con el pretexto de que era un “monumento histórico” le puso trabas y, por si fuera poco, nadie le rentaba por su deterioro y menos le compraba porque la casa estaba “intervenida” por el INAH.
Al morir su propietario, los herederos optaron venderla y la alcaldesa decidió comprarla. Como por encanto terminaron las trabas; la presidente municipal se hizo de la propiedad pagando, dice el abogado, dos millones y medio de pesos y entregando a cuenta millón y medio.
Así pues, es fácil adivinar que María Luisa González Achem no sólo protege a su numerosa familia que cobra en la nómina municipal; que burló a las autoridades federales al sacar fraudulentamente una “incapacidad” en el ISSSTE para dedicarse a la política, sino que posee otras “artes” amparadas en su cargo de elección popular, para satisfacer su inacabable voracidad de dinero.
Ella es una muestra viviente y en funciones de lo que los electores reprobaron la última elección: priistas vividores, burdos, sin ética ni vergüenza.

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